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Actualmente, la comuna de Santiago está impulsando una “Política Integral de Movilidad Urbana Sustentable”1, incorporando conceptos como “espacio urbano apto” y “movilidad equitativa para todos”, que esperamos traiga cambios significativos al centro urbano más importante del país. En este contexto, observamos que la reciente implementación de ciclobandas convergen hacia estrategias del tipo “urbanismo táctico” con pequeñas intervenciones en el espacio público, que rápidamente son sociabilizadas, logrando focalizar la atención en temas de ciudad que largamente han quedado al margen de la discusión y dejando a un lado los infinitos “vamos a…”, “tenemos que…”, “hay que…”, por la acción concreta del “hacer”. Santiago y Providencia han tomado la delantera. La nuevas ciclobandas de la calle Rosas y de la Avenida Ricardo Lyon, muestran una alternativa de cómo hacer una mejor ciudad, donde “el interés general prevalece sobre el particular”2.

Actualmente se está ejecutando una nueva ciclobanda por la calle Teatinos. La primera etapa se extiende desde la Ex Estación Mapocho hasta el Paseo Peatonal Huérfanos (la cual se encuentra casi completamente terminada), mientras que la segunda etapa se desarrollará desde este último punto hasta la Alameda, pasando frente al Palacio de La Moneda, tramo que se enmarca dentro de la Zona Típica del Plan Regulador de Santiago denominado “Barrio Cívico Santiago”.

Este espacio fue recientemente remodelado y entregado al uso público (2013), después de una inversión total aproximada de US$ 160 millones incluyendo, entre otros, nuevos edificios, mejoramiento de veredas y fachadas, nueva luminaria pública y arborización. Así, buscando rescatar una característica histórica y vetusta, el MINVU-SERVIU, en conjunto con el Ministerio de Transporte y el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN), decidieron reemplazar el pavimento de hormigón y asfalto de las calles Morandé, Teatinos y Agustinas por el clásico adoquín, elemento que permanece en el tiempo y que en otras latitudes se sigue promoviendo, al entregar seguridad vial derivada de la reducción de las velocidades de vehículos motorizados, pero que sin embargo, para otros medios como la bicicleta, genera distintas incomodidades físicas y motoras.

La segunda etapa del proyecto de Ciclobanda (¡no confundir con Ciclovía!), se encuentra ingresado para su aprobación por el CMN, quien por ley3 es el responsable de cautelar que este espíritu urbano patrimonial del Barrio Cívico sea respetado y cuidado para el futuro de la sociedad.

Esperamos que la evaluación del CMN no caiga en la tentación de valorar el proyecto sólo desde lo material, ese instinto de dejar el lugar intacto y encapsulado en el tiempo, donde la ciclobanda puede verse como un elemento ajeno a la obra original o a los valores interpretativos del conjunto. Sin embargo, si se sigue este supuesto, inmediatamente se nos vienen a la mente los cilindros y sus cadenas instalados en la Alameda y la bandera “monumental”, que no presentan coherencia alguna con el lenguaje del lugar.

El afán natural de no intervenir el lugar, puede llevarnos a soluciones poco adecuadas, considerando el nuevo estándar adoptado para las ciclobandas, surgiendo dudas respecto al resultado final para la superficie de rodado y los elementos de demarcación y seguridad. Acá, sin duda, el factor creatividad es fundamental para encontrar el adecuado equilibrio entre estética y funcionalidad. Está claro que no se puede poner una “huincha azul piscina” con separadores de hormigón “tipo” que colinden con El Palacio de La Moneda y su “Caja Cívica”, pero tampoco es aceptable una ciclobanda sobre adoquines que posea su propia microtopografía.

El patrimonio es pasado, presente y futuro, es la herencia que define quiénes somos y hacia dónde queremos ir, herencia que está en constante tensión y construcción entre los distintos actores patrimoniales que buscan resguardar ese “valor superior” que define nuestra identidad. Por ello entendemos el patrimonio a partir de la acción que se desarrolla o nace desde el sitio patrimonial y su entorno, lo que finalmente entrega el sentido de pertenencia al lugar.

El actual programa de gobierno y la recientemente aprobada “Política Nacional de Desarrollo Urbano”4 (PNDU), entregan una “carta de navegación” para el desarrollo de infraestructura sustentable, y que ésta se implemente frente al edificio más representativo de la República, es un acto lleno de simbolismo, una acción política y ciudadana, donde se visibiliza una necesidad que nace desde la presión continua y creciente de los actores locales imprimiéndose en el centro del poder político. Sobre todo, es un acto de puesta en valor del patrimonio, donde un medio de transporte democrático y a escala humana, permite proyectar y construir una nueva forma de interacción con el espacio urbano, el diálogo intermedio que estaba hasta ahora ausente entre el ciudadano a pie y el motorizado, que revitaliza el gris monolítico de esa modernidad planteada hace más de 80 años por el arquitecto urbanista Karl Brunner5 y su proyecto para representar el espacio institucional de un país.

Quedamos a la espera de un favorable resultado por parte del CMN y de una excelente ejecución por parte de la I. Municipalidad de Santiago, teniendo siempre en consideración el objetivo máximo de este tipo de intervenciones urbanas, la mejora en la calidad de vida de sus ciudadanos y el realce de los valores patrimoniales.

1 “Política Nacional de Desarrollo Urbano-de Chile” – BCN D.O. 14.03.2014
2 Peñalosa, Guillermo. Dir. Ejecutivo 8-80Cities, MBA,PHDHC
3 Ley 17.288 Ley Monumentos Nacionales y normas relacionadas – 1970.        
4 Política Nacional de Desarrollo Urbano de Chile, BCN D.O.04.03.2014
5 Brunner, Karl. Ingeniero- Arquitecto a cargo del Plan Barrio Cívico de Santiago, Chile 1933- 1937                                                                                                          

Equipo de Bicipaseos Patrimoniales

Rodrigo Padilla Torres
Mathias Koch Casas-Cordero