El domingo 1 de septiembre del 2013, con Bicipaseos Patrimoniales realizamos la ruta “40 años de Memoria en la Ciudad” a propósito de los 40 años del golpe militar y con el fin de conmemorar esa dolorosa historia de nuestro país que se ha resistido al olvido y que aún busca justicia. En aquella oportunidad visitamos una serie de Sitios de Memoria y hoy en el marco de un nuevo 11 de septiembre queremos volver a compartir con ustedes las emociones vividas en ese bicipaseo a través del siguiente texto escrito por una integrante de nuestro equipo.

La Casa de Memoria José Domingo Cañas 1367 es visitada por unos 400 ciclistas durante un Bicipaseo Conmemorativo de los 40 años del Golpe Militar. Es el segundo hito del recorrido. Llego en la cola del grupo y busco un rincón para acomodar mi bicicleta entre las cientos que han ido dejando los demás ciclistas  sobre los muros de las casas aledañas para acercarse lo más posible al Sitio y a los megáfonos para no perderse el relato.
Yo quedo en cambio algo apartada y sin poder escuchar bien, pero desde allí observo. Observo la seriedad en el rostro de quienes escuchan, observo a los vecinos que ante la vasta visita de ciclistas se han asomado, sumándose al público oyente desde sus terrazas. Observo los mástiles que sobresalen del interior del Sitio, marcándolo como irrupción en el paisaje calmo y residencial del barrio. Luego me entero que los mástiles representan la verticalidad o insistencia de los recuerdos que habitan sobre la memoria de la casa[1], marcando la silueta de la antigua casa que funcionó como centro de torturas durante la dictadura y que años más tarde, durante el proceso de recuperación como Lugar de memoria, fuese destruida por su ex dueño un día antes de ser declarada patrimonio nacional.
Me acerco lo que más puedo al grupo para escuchar la historia de la casa presentada por una de las personas que trabaja allí.  Me llama mucho la atención su estructura, o más bien su anti- estructura que pone el vacío y la destrucción allí acontecida. Se nos invita entonces a ingresar a la casa. Me acerco cautelosa y me uno a la masa que pasa lentamente el portón.

 

Casa Memoria José Domingo Cañas.

Participantes del Bicipaseo “40 años de memoria en la Ciudad” recorren la Casa Memoria José Domingo Cañas. foto: Alejandro Scabini


La verdad es que me cuesta acercarme a este tipo de lugares. Imposible estar allí y no pensar en las desapariciones, asesinatos y torturas que siguen ocurriendo día tras día en Colombia, mi país. Allí no existen lugares de memoria y es un riesgo referirse a esto. Es un tema incómodo para muchos que se refugian anestesiados en la rutina de las ciudades y peligroso en ciertos sectores rurales donde opinar puede costarle a uno la vida. Allá la guerra a sangre fría del campo se libra entre ejército, paramilitares y guerrillas, los centros de tortura y las fosas comunes están en las selvas, en zonas húmedas, irreconocibles e impenetrables. Las víctimas en este caso son los campesinos e indígenas que cuando logran salvarse se convierten en desplazados, desposeídos errantes. Más de 60 años de opresión desde La Violencia desatada por las luchas partidistas de los años cuarenta hasta hoy.

La ausencia de un lugar o elemento a través del cual materializar el horror de mi historia, me permite entender la necesidad de encarar y reconocer los vestigios del pasado. Pisar –o pedalear- las huellas de los caminos andados. Transitar los lugares del horror para captar desde la dimensión del propio cuerpo lo que implica su transgresión.
Cruzando el portón de José Domingo Cañas miro hacia la izquierda y veo un esténcil de una bicicleta. Es negro, como la sombra de una bicicleta. Es una bicicleta estacionada o abandonada, una bicicleta que espera a su dueño o que está ahí dispuesta a irse con quien requiera de su compañía. Esta bicicleta sola –o este ciclista ausente- es una obra del argentino Fernando Traverso para recordar a su amigo secuestrado en la ciudad de Rosario y desaparecido durante la Dictadura Militar Argentina. El autor cuenta el episodio del día que su amigo que iba en bicicleta se cruzó con él pero no lo saludó, se bajó de la bici, la ató a un árbol y se fue. Fue la última vez que Traverso lo vio, al otro día la bicicleta seguía en el mismo lugar, pero el amigo había sido secuestrado y hecho desaparecer para siempre. Traverso acota la anécdota en el verso: “me cuidaste y seguiste de largo”.

 

Stencil en Casa Memoria José Domingo Cañas.

Stencil del artista argentino Fernando Traverso en uno de los muros de la Casa Memoria José Domingo Cañas. Foto: Alejandro Scabini


Esta silueta que veo como la sombra de una bicicleta es un nombre y un apellido, es un lugar determinado en la tierra pero es también mi bicicleta y es cada una de las biciletas que afuera nos esperan. Es también la bicicleta de mis sueños, una fantástica bicicleta voladora o un ángel de bicicleta. Es una bicicleta de los años sesenta pero es también la bicicleta grande y pesada en la que cuenta mi abuela que debió aprender a pedalear cuando niña para desplazarse mejor en el campo. Es entonces una bicicleta prima, vecina o hermana de la bicicleta del tío de mi abuela, fundador del primer campeonato de ciclismo en Boyacá, región netamente campesina y cuna del ciclismo en Colombia. Allí mismo partió la Vuelta a Colombia, campeonato local en el que triunfó el célebre Martín “Cochise” Rodríguez antes deviajar a Santiago en 1965, para participar del X Campeonato Americano de Ciclismo en el velódromo del Estadio Nacional de Chile. El mismo lugar en que pocos años después se consolidaran los jóvenes pisteros  Sergio Tormen y Luis Guajardo, detenidos desaparecidos que recordamos en esta ruta de la memoria e incluso en una de las anteriores, ocasión en que hicimos ingreso al velódromo, uno de los epicentros de detención y tortura tras el Golpe.

Una bicicleta pintada en la pared no es sólo una bicicleta pintada en la pared. Es la inscripción que se fija como recuerdo obstinado pero es también una bicicleta dinámica y elocuente, que nos habla y se mueve, se traslada perdida en la mirada de cada uno de los ciclistas que la miran y se reconocen en ella. Es la bicicleta de José Domingo Cañas, de Villa Grimaldi y de los muros de Rosario, en Argentina. Es un espejo que nos permite vernos allí reflejados, una señal que une en los muros de estos lugares el trayecto de cada ciclista con el andar segado de quien continuó de frente su ruta, con la consigna clara de proteger a cualquier precio la vida del amigo que se cruzó en su camino.

[1] Proyecto arquitectónico de José Domingo Cañas 1367 encargado al arquitecto Cristián Solano por el Colectivo José Domingo Cañas. 

por Lina Barrero, Doctora en Literatura, Docente, Investigadora y Gestora Cultural. Miembro de Bicipaseos Patrimoniales.