aldunate1 aldunate2El palacio Aldunate, de la Esquina de Ejército con Alameda Bernardo O’Higgins fue víctima de la destrucción tras un incendio en la madrugada del domingo 10 de Noviembre, y pasa a engrosar la lista de varios incendios de dudoso origen que se han producido en el último año en los barrios de Santiago Poniente.
El Palacio Aldunate, atribuido a la mano del brillante arquitecto Theodoro Burchard destacó por su elegante decoración de una fachada de arquitectura ecléctica muy propia del siglo XIX y comienzos del XX. De estilo Neoclásico, mixturado con elementos Neobarrocos, huella de una escuela Beauxartiana dieron expresión a este palacete construido en 1915.

Circundado y semioculto por marquesinas publicitarias de los locales comerciales que quedaban en la primera planta, el palacio Aldunate vivió las últimas décadas en calidad de bodega y espacios interiores abandonados como muestra de la ineficiente legislación frente al tema patrimonial; su triste y nerónico final era una crónica de una muerte anunciada. En el incendio se perdió gran parte de su interior; debido según se dice,  a una falla eléctrica en el segundo piso.

Más allá de la pérdida patrimonial, la pérdida de fuentes de trabajo y el peligro que este tipo de incendios reviste a las construcciones del casco antiguo de la capital. Hay detrás la sombría sospecha de la intencionalidad de estos siniestros que se han instalado en la cotidianeidad de una urbe que ha sido presa del negocio inmobiliario sin gusto, sin equilibrio estético ni espacial y sin la fiscalización adecuada por parte de lo organismos que debieran ejercer dicha función.

El antiguo edificio fue declarado un inmueble de “conservación histórica” en 2011 por la Municipalidad de Santiago, debido a su valor arquitectónico. No obstante ello, parece ser que a la ciudadanía solo le quedara lamentar y observar atónita el futuro del patrimonio urbano a merced de la catástrofe y la iniquidad.

Exigimos y queremos más que una explicación y un cambio de actitud en las autoridades y en la ciudadanía. Llamamos a la conciencia de respetar y reconocer los vestigios de un Santiago amable, a escala humana y de espléndidas fachadas con espacios comunes, calles y plazas respirables y habitables que ha quedado oprimidos por la violencia de las formas, la mediocridad lacerante de un capitalismo salvaje y un inescrupuloso negocio inmobiliario.